las marcas y la ciencia ficcion

La ficción cinematográfica puede transportarnos a planetas imaginarios como el desértico Tatooine donde dio sus primeros pasos un joven niño llamado Anakin que luego se convirtió en el villano más imponente de toda una galaxia, puede presentarnos a personajes inventados tan carismáticos que nos da igual que cacen cocodrilos como Cocodrilo Dundee o sean filibusteros como el capitán Jack Sparrow o puede mostrarnos un virus tan letal que tenemos que inventar los viajes en el tiempo para poder salvar la humanidad como en 12 Monos (1995, Terry Gilliam).

Y es que si el cine ha inventado ciudades, héroes, villanos, artefactos surrealistas y hasta guerras cómo no iba a inventar empresas cuyas marcas son grandes corporaciones reconocidas en ese mundo ficticio y con un peso importante en la trama. Así, los Weyland-Yutani de la saga Alien y Tyrell Corporation de las dos películas de Blade Runner vienen a ser el una versión exagerada de marcas como Apple, Amazon o Microsoft en nuestro mundo.

Pero existen una multitud de ejemplos que también se encuentran en el imaginario colectivo, especialmente de marcas en el cine de ciencia ficción. Uno de los más notorios se encuentra en la saga Terminator, y no es otro que Cyberdyne Systems, la empresa tecnológica que originalmente en 1997 (luego la fecha varió gracias a la interacción de los viajeros del tiempo) lanzó el programa de inteligencia artificial Skynet, desarrollado para proteger los ordenadores del gobierno estadounidense de cualquier virus. Más adelante, como todos ya sabemos, Skynet tomó conciencia de sí mismo y decretó que el ser humano era una amenaza, se hizo con el control del arsenal nuclear norteamericano y puso en marcha lo que se llamó ‘Día del juicio final’. El resto es de sobra conocido con Skynet desarrollando androides con la cara de Arnold Schwarzenegger para acabar con la resistencia humana que lidera el bueno de John Connor. 

Otro buen ejemplo es la mega corporación con sede en Detroit (Michigan), Omni Consumer Corporation (OCP) presente en la saga de RoboCop. OCP se dedica a satisfacer necesidades de todo tipo (como actualmente hacen marcas como Unilever o Procter & Gamble) desde unos calcetines hasta viajes especiales hasta que decidió entrar en el negocio del servicio público y comenzó a gestionar hospitales, prisiones y la policía. Como propietario del Departamento de Policía de Detroit dio un revolucionario paso cuando convirtió al agente Alex Murphy en RoboCop, el nuevo policía cyborg capaz de mantener a raya a todos los malhechores. Sin embargo, como con Skynet, la creación se vuelve contra su creador. Cuando OCP es comprado por la empresa japonesa Kanemitsu, adquiere la ciudad de Detroit para destruirla y montar sobre sus escombros Delta City, la primera ciudad propiedad de una empresa en la que todo está privatizado, RoboCop surge como el máximo combatiente de este «capitalismo agresivo». Una bonito argumento teniendo en cuenta que el guión viene de los mismísmos EEUU, ¿verdad?

Una de las sagas más famosas de la ciencia ficción está de nuevo de actualidad gracias a que el cineasta Denis Villeneuve se encuentra ultimando su particular versión. Se trata de Dune, obra de Frank Herbert y que ya fue llevado al cine en 1984 por David Lynch, la cual ofrece otro gran ejemplo de la existencia de marcas en el cine de ciencia ficción. Y la marca en cuestión es Combine Honnete Ober Advancer Mercantiles, o simplemente Choam, un híbrido ente-corporación y organización que fija el precio de los recursos, entre ellos el de la especia Melange, vital para los viajes por el hiperespacio. Además, Choam autoriza las inversiones y es quien dirime cualquier disputa comercial en el Imperio del Millón de Mundos.

La adaptación al cine de los universos ficticios de los cómics de las afamadas compañías DC y Marvel ha servido para que multitud de empresas de esos universos hayan saltado al celuloide. Así, en la gran pantalla han aparecido Stark Industries, Oscorp, Wayne Enterprises y hasta Trask Industries y sus Centinelas antimutantes.

Saliendo un poco del branding de ciencia ficción, está la marca japonesa Nakatomi Corporation, dueña del rascacielos Nakatomi Plaza en la ciudad californiana de Los Ángeles donde se ambienta la película La Jungla de Cristal (1988, John McTiernan), que inició una saga que estrenará su sexta entrega el próximo año. En esta primera película vemos a, un por entonces desconocido, Bruce Willis lidiar con un grupo de terroristas alemanes que ha tomado el edificio con el fin de llenar sus bolsillos a costa del señor Takagi, propietario de Nakatomi.

Pero sin duda alguna y ya para finalizar, no quiero dejar atrás la que en mi opinión es la mayor empresa-marca-corporación que existe en el mundo del espectáculo, el cine y la TV que no es otra que la CORPORACIÓN ACME (más conocida como ACME). No seré yo el que descubra la cantidad de servicios y productos que esta marca le ofrecía al bueno de El Coyote en sus servicios de venta por correo, en la serie de dibujos animados del Correcaminos ¿verdad? Como curiosidad, decir que ACME significa «cumbre» o «lo más alto». Como nota curiosa sobre ACME, decir que no solo la hemos visto en el universo de los Looney Tunes, por ejemplo, en la película JFK (1991, Oliver Stone), en una de sus secuencias finales, cuando el fiscal Jim Garrison explica los detalles del asesinato del presidente , algunos de los supuestos asesinos que disparan por la espalda a John F. Kennedy lucen monos con la marca ACME en su espalda.

Curioso, ¿no?

Rafa Moreno
Rafa Moreno
Como Brandchemist me dedico a la creación, planificación y gestión de marcas y soy MBA especializado en Marketing y Comunicación Publicitaria.

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